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Vigésimosegundo Viaje

HAGEDIS
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Viaje 22o.
Emirtacos Árabes Unidos "El país de los tubérculos"

Junio, 1990.
PRÓLOGO


Corría presuroso el mes de jumior del año 3 lagarto. Allende los mares, en Calciaterra de las siete colinas, se llevaba a cabo la máxima fiesta del planeta mundo; el XIV mundial de futbol, donde los mas notables futbolistas del planeta acuden a demostrar que cuando llegan a la copa del mundo nunca están en su mejor momento.

En Metaforópolis, como en el resto del planeta, las acciones se paralizan y no se hace otra cosa que ver el mundial. A menos, claro está, que sea un noble proveniente de la sagrada familia, como es el caso del Juamito, quien viendo que todo el mundo había dejado las calles para llegarse a sus televisores, supuso que les hacía falta un poco de diversión. Así pues, organizó su cocktail Italia 90. Como siempre, los grandes nobles de Metaforópolis asistieron todos, pero antes de aceptar su respectiva invitación no libre de cover, Sir Ajab planteó el siguiente dilema al mismísimo vástago del gran hombre "señor de los dilemas" :

"¿Porqué, Oh Juamito, que bordeas todos los límites de ser, porqué; dime, he de ir yo a tu cocktail y tú, por tu parte, nunca asistes a las grandes aventuras que Hagedis emprende luna con luna?"
Quedóse el Juamito turulato, exhibiendo su típica faz de Juamisgestón, tratando de asimilar el contenido del discurso que se le acababa de espetar. A poco esbozó una sonrisa amplia sin separar la mandíbula superior de la inferior, símbolo inequívoco y familiar de que el trabajo de decodificación, pese a laboriosos esfuerzos, había presentado resultados inconclusos por contener la emisión de partículas extrañas o difíciles de digerir para el sistema operativo para el cual había sido destinado. Asi pues, Sir Ajab añadió en asistencia de aquel, estas aladas palabras: "Está bien Juamito, iré yo a bailar y a beber en tu jarraviernalia, pero tú irás a nuestro próximo viaje que tendrá verificativo el 23 de los corrientes, con destino a los Emirtacos Arabes, eh, ¿Camote parece ese trato?". El Juamito lo encontró justo y correcto. Para amarrar, insistió Sir Ajab: "Pues sentonces así será, ahora sí, pero para asegurarnos de que no te echarás para atras, dadas las circunstancias, yo te cubriré el importe de mi entrada a la disco cuando estemos en el país de los tubér_culos, ¿Me pones atención?". Asintió el Juamito y de tal manera comenzaba el preludio a un viaje anegado.

Jornada Primera

Capítulo I

De cómo los valientes caballeros lagarto arrivaron a la CAPU (Camoterra Autobusedis Psentonces Unisantiamén), de la exhaustiva búsqueda del segundo Hotel Señorial, de cómo le ensartan un vergonzoso pepino a Rodrigombia y cómo, tras hacer adquisición de algunos productos típicos, deben hacer frente a la inquisitiva Emiresa Señorial.

Menester es aclarar, que la primera jornada de este viaje fue de tal manera líquida, que se tienen muy pocos testimonios visuales de aquel día, y aunque la misma memoria aún contiene mucha agua, se saben muchas de las vivencias que entonces se tuvieron. Lo primero que los caballeros lagarto han hecho al pisar la CAPU ha sido atravesarla de lado a lado y salir a la calle, donde emisarios de la Emiresa ya los esperaban con los souvenirs en cajas amenazantes. Los mas experimentados de entre los viajeros advirtieron el peligro, y buscaron pronto una salida que los condujera a salvo al centro de la ciudad, mientras los mozuelos imberbes se aprestaban al combate. Hubo que sacarlos de allí casi arrastrando.

A pesar de ser un país muy cercano a Metaforópolis, ellos no lo habían explorado, aún así, tuvieron que andar por muchas calles. Asi llegaron a una sucursal de Climtemnextra, la tienda del catálogo. Ahí vieron como Roger Milla de Arrimarún robaba el balón al farol de Farolené Higuita de Rodrigombia, para hacer el gol con que los africanos vencieron 2 a 1. Continuaron andando y, para no seguir a merced de otras posibles emboscadas, el Juamito decidió entrar a una camotería donde encargó tres cajas del producto nacional. Fue entonces cuando Sir Trincardo se interesó en el negocio y preguntó a la dependienta "&iquest;A cómo el ciento de camotes?". Como han de suponer, ya para esto se encontraban en el centro, así que decidieron buscar posada. Y no mucho tuvieron que andar, pues al dar vuelta en una esquina leyeron HOTEL SEÑORIAL. Era el segundo Hotel Señorial consecutivo, así que se aproximaron a él, descendieron de sus corcéles literios y de sus pollinos (los que montaban pollinos) y entraron.

Ahí se encontraron frente a frente con la mismísima Emiresa en la Madre Superiora del Emirato, que regenteaba la hostería y la iglesia de al lado.A pesar de tratarse de una situación sospechosa, los aventureros insistieron en pernoctar ahí, pues era señal divina que el Adelantado les había legado, además de que encontraron acogedor el lugar. La Emiresa no tuvo inconveniente en proporcionarles sus habitaciones, pero si objetó el hecho de que las mujeres trajeran descubierto el rostro, y deseó conocer el modo en que los huéspedes se repartirían en cada habitación, haciendo hincapié en que las mujeres, por supuesto, se quedarían juntas y solas en un mismo cuarto. Los Hagedis le dijeron que aún no sabían como habrían de acomodarse y ella, al verse acorralada, ya que traían la licencia de Gogol® nuestro señor, en cuyo nombre realizaban estas misiones, tuvo que aceptar esta respuesta, pero aún insistió en darles un papel para que le pasaran después, una relación del resultado final, argumentando que si ellos querían telefonear de una habitación a otra, ella necesitaría saber los nombres de quienes estaban en cada cuarto.

Nuestro héroes, por supuesto, no se tragaron esa trampa y subieron a dejar sus cosas. Luego la mayoría se reunió en el aposento de Sir Pax,Sir Azul y Lady Navy para ver como los Chescoslosvascos le ganaban 4-1 al equipo nacional de PopcornstaRica, de Gabelo Conejo, entrenados por Bora Bora Milutinovic Milutinovic. En esto estaban, cuando llegó Sir Trincardo bailando y llorando, llamando a Sir Ajab, para que fuera a ver como, el siempre difamado Sir Oz estaba teniendo dificultades con algunos camotes que Sir Trincardo guardó en cajones por todo el cuarto, por cierto que se trataba de una caja que el Juamito donó a aquellos tres caballeros que ocupaban aquel cuarto. Comenzaba a decorarse el ambiente de húmedas carcajadas que reinaría durante un par de días. Los misioneros del surrealismo se aprestaban para salir a pregonar la palabra de Gogol® nuestro señor. Había que ir a buscar el desayuno.

Capítulo II

De la elección del primer Mirrey Lagarto de este viaje, del muy gustados show de lágrimas y risas, y la visita al museo de los hermanos Aquiles Cerdán Brothers (sic). Vuelta al hotel, el cielo se rasga y bajo una tormenta interminable se juega fútbol en singular parque, y de cómo el Juamito se hace de un ajuar.

Lo primero que hicieron los caballeros lagarto y su acompañante al repisar la calle, fue llegarse a un restaurante y ordenar platillos tales como : mole poblano, arroz con mole, mole con pollo y enchiladas con mole. &iexcl;Ah! y también algunos platos típicos del lugar. Surgió entonces lo inevitable, de entre tantos guisos sugerentes y hablando sobre las costumbres de aquella ciudad, Sir Ajab, Sir Oz y Sir Trincardo se enredaron en una subterránea discusión que poco a poco se tornaba en fragoroso duelo, pues Sir Ajab se desentendió de las agresiones y dejó que los otros dos se trenzaran más y más en una batalla de ingeniosos argumentos. Mas pudo la inspiración de Richarito, que le bastaba con echar un ojo al sui generis almuerzo del gallardo Sir Oz, quien cayó repetidas veces al respaldo de su silla sin poder contener las lágrimas que, las hilarantes estupideces que el noble "Señor del albur" le dirigía inmisericorde. Era un hostal decorado con enormes espejos, como pantallas gigantes, en las cuales el público podía gozar del espectáculo, Sir Ajab sacó los papeles para sufragar y mientras todos gozaban de un capítulo más de la tan gustada serie de lágrimas y risas, de la cual se vieron varios episodios en estos épicos viajes, desde aquel café de Basculandia hasta el final de los tiempos. El Archimago repatió las boletas para elegir Mirrey Lagarto y el ganador fue Sir Oz. Debido a que solo unos minutos antes, las lágrimas del muy felíz ganador aderezaban las enchiladas de mole poblano que el dilecto caballero lagarto degustaba, y a cada enorme trozo del cada vez más salado platillo que él se llevaba a la boca, le acompañaba una pintorezca expresión Trincardiana que reiniciaba el ciclo.

Posteriormente se dirigieron al museo Cerdán, donde, como decía un pequeño emelandés, vivió la familia Aquiles Cerdán. Fue allí que Sir Yorgue se dedicó a explicar a sus compañeros todos y cada uno de los métodos de vigilancia con los que ese museo contaba, tales como irrigadores contra incendio, alguna cámara de video y probablemente nada más que eso. Igualmente se disgustaba cuando observaba que se descuidaba algún aspecto técnico, y es que, en aquellos entonces, Sir Yorgue era miembro de la Real Guardia Imperial del Museo exConvento de Chinchalandia. No obstante, mientras Sir Yorgue hablaba y hablaba, sucedió algo que, ni el más sofisticado sistema de seguridad del cualquier museo hubiera podido evitar : Sir Trincardo, quien desplegando todas sus dotes, añadía a la colección de monedas y billetes antiguos, la credencial de la Uniberosidad del Juamito. No se veía mal, y todos convinieron en que era un bonito recuerdo para la posteridad, pero cuando tornaron a ver la cóntrita faz del compungido Juamito, hubieron de reflexionar. El limítrofe personaje tenía una invitación para asistir al gran baile que esa noche se ofrecería en palacio a todos los integrantes de una cofradía a la que el Juamito pertenecía llamada AISEC (Asociación Internacional para el Exchange de Simpáticas Extranjeras por Compatriotas). El baile era ofrecido por su mejestad el Rey Tubérculo III, con motivo de los esponsales de su hija Ludovica contra el príncipe Gilberto de Tortlaxcala. El Juamito había sido invitado por la familia del conde Cater Ika, cuya hija mayor estaba ya en edad de merecer. Se trataba de la infanta Pilar Ika. Era para ella y no para otra persona que había comprado las tres cajas de manjares, con el fin de agazagar a la infanta y así, insinuarle lo que quería conseguir de ella. Pero como podría ahora presentarse en palacio, si lo único que le quedaba en esta vida, acababa de perderlo; &iexcl;Se había quedado sin identidad!. Los bravos caballeros lagarto decidieron acudir a su rescate, animaron al valiente Sir Yogue a que fuera a buscar al responsable del lugar, recuperara la credencial y pudiera ir ver al conde Cater, Pilar y al resto de la familia Ika. Sir Yorgue ganó la batalla sin mayor contratiempo (al pareceer el mayor contratiempo parecía encontarase en otra misión), por lo que procedieron a retirarse. Solo sucedió aún, que cuando se iban, una caricatura les preguntó &iquest;Porqué no trajeron a Pita? Mas no hubo respuesta, Pita probablemente no se enteró del viaje.

Volvieron todos a su hospedaje a reponerse de las heridas y rasguños, pero eran tan leves que resolvieron salir de nuevo. Así quedaban cosas por hacer: Había que procurarle un ajuar decente al buen Juamis. Debía también celebrarse la ceremonia del balompié en algunas cancha o parquecito para alabar a los dioses del futból, ya que se vivían los días del mundial. Había que preparar la condecoración de Sir Lady Navy (lo cual ella, por supuesto, ignoraba) y luego retornar a Metaforópolis sufriendo el menor numero de bajas posible. Pero no pudieron evitar la baja de más de dos cajas de los camotes en cajones que había comprado el Juamito, acto del cual obviamente nadie se hizo responsable, pues fuere quien fuere, se los había comido de una sola sentada, por lo que alguien sugirió la posibilidad de que hubiera sido la Emiresa, motivo por el cual reunieron un pingüe capital para el fondo de recuperación del camote del Juamito, a quien algunas vez su madre le dió su cerebro, pero pronto se le secó.

Tornaron a la calle en sus briosos corcéles literios, pero el prudente Sir Oz volteó a ver las nubes; había una rendija en el medio del cielo. Ya mucho había llovido y con toda seguridad volvería a llover en unos minutos. Sir Oz tuvo entonces el impulso de regresar por su imitación de Poncho Vinil piratón, marca 'Big Trojan', y viendo que sus compañeros se metían en una camoteria para satisfacer la necesidad del Juamito, supuso que se entretendrían un rato bastante largo, lo suficiente para ir por su capa y estar con ellos en menos de lo que pudieran darse cuenta. Y así lo hizo, pero ya el grueso de la comitiva había caminado. Quedaban solo Sir Papus y el Juamito, ya repuesto de la pérdida. Pronto salieron nuestros tres amigos a alcanzar a los demás, cuando al grito de &iexcl;Rumble! &iexcl;Rumble!, los dioses advirtieron a los mortales, que se habrían de mojar. En par de minutos el cielo se vino abajo tal como Sir Oz había predicho. Los demás no vienen protegidos contra el agua - advirtió éste-. Pues nosotros tampoco - le replicó Sir Papus-, pero afortunadamente estamos a las puertas de los gloriosos Almacenes Ramírez, aquí podemos hacernos del atuendo que nuestro eterno escudero lucirá esta noche en Palacio. Al Juamito le complació la idea. Sir Oz largó una mirada al interior y luego otra a las empapadas aceras por donde habían desaparecido el resto de los caballeros.
- Entrad, pues si os alegra. Yo empero debo marchar en pos de nuestros compañeros
- pero si ya los cogió el agua - protestó el Juamito
- Con mayor razón quiero ayudarlos, ya que yo tengo mi Big Trojan y ellos no.
Pero Sir Papus no escuchó estas palabras y ya con unas cuantas prendas en mano elegía el ajuar del "Señor del límite". Entonces partió Sir Oz y anduvo varias horas sin encontrar rastro alguno de sus amigos. No le pasó por la mente lo que en realidad sucedió. Pues no lejos de allí, los demás caballeros encontraron propicio el clima y el lugar para ofrecer en holocausto a los dioses, una húmeda cascarita, puesto que allá en la tierra eran los únicos seres al descubierto. En este punto la historia regresa donde los caballeros lagarto, en memoria de aquellos alegres hombres de Robin Hood, celebraban un partido en medio de la tormenta, pues así empapados y todo, la plaza era completamente para ellos, en un equipo estaban Sir Ajab, Sir Tincardo, Sir Pax y Sir Lady Dix, mientras que en el bando contrario jugaban Sir Azul, Lady Navy (muy pronto Sir Lady), Sir Azul y Sir Yorgue. El balón siguió su marcha y la tormenta continuaba cayendo sobre ellos, en cierto momento ya completamente empapados el balón fue a dar a una fuente y Sir Trincardo no quiso entrar a ella porque no quería mojarse, así que nuevamente el valiente Sir Yorgue "Señor de los sonidos" fue a su rescate, para que continuaran jugando. Durante muy mucho tiempo se ofrendaron pases a los dioses, pero estos les regalaron el sol cuando entre los nobles bellos y artísticos toques de balón de Sir Pax y Sir Ajab hicieron el mas bello de entre todos los goles que jamas se hicieron en algún viaje, y que fueron muchos. Luego de ésta hermosa ofrenda, al mas puro estilo europeo, el regocijo de los dioses fue tal, que les quitó el agua de encima, pero poco les duró el gusto, pues al poco rato, un hombre felíz que se había mantenido bajo cobijo gritó :
- ¡Forasteros!, en nombre de su majestad el Rey Tubérculo III, están detenidos.
- ¿Pero porqué nos arrestan?, exclamaron los caballeros.
- No es permitido jugar el deporte de los dioses aquí, debieron haber ido a un parque.
- Pero si esto es un parque -espetó Sir Azul "El señor de los recursos gastados"-
- De ninguna manera, - respondió el hombre felíz - este es el zócalo de la ciudad.
- ¡Oh! Usted dispense - Intervino Sir Ajab- No lo sabíamos. Somos caballeros de la orden del lagarto y venimos en misión divina, resconociendo de persona el mundo, en el nombre de Dios.
- (Todos) ¡Al Avabo sea el señor!
- En ese caso pueden proseguir, por favor disculpen mi impertinencia.
Pero el encuentro ya había terminado y los dioses estaban satisfechos.

Entre tanto, Sir Papus sostenía los paquetes al Juamito, que se encontraba pagando, cuando Sir Oz los encontró de nuevo. Al mismísimo duende Strawberrico se le cuadricularon los ojos cuando vió al Juamito desembolsar una suma impensable, que solo puede explicarse si recordamos aquel asalto que el señor del límite perpetró en el baño de la antigua capital de la Esquina, victimando un poco a Su Eempresarialidad. Pero esa es otra historia, y será contada en otra ocasión. Lo que debe asentarse aquí, es que de esta manera Juamito rompía un record que nadie podría superar, a menos que se cuenten los extravangantes viajes en avión de Sir Papus, o las extraordinarias expediciones relizadas en Semagda Santa; había asegurado el gasto más oneroso en una cruzada de fin de semana.&iexcl;Con razón nunca antes había ido a un viaje Hagedis!.
- Es que en los viajes se gasta mucho-decía.
Luego los tres visitaron la Casa de los Muñecones, aún no conocían el paradero de los demás, hasta que volvieron a la calle y, obra de la poderosa magia verde, todos se reunieron de nuevo en una nevería y se refirieron mutuamente sus aventuras. Decidieron volver al Hotel, pero como aún chispeaba, Sir Oz prestó a Sir Papus el 'Big Trojan'. Cuando llegan a su hospedaje allá donde la Emiresa Señorial, la mayoría de ellos, poco experimentados viajeros, se percatan de que falta les hace un cambio extra de ropa, los únicos que iban prevenidos para tal contingencia eran los más expertos de entre ellos, Sir Oz y Sir Ajab. Así que mientras tratan de resolver sus húmedos problemas Sir Azul y Sir Lady Dix van a por un pastel, pues es hora de festejar el cumpleaños de Lady Navy, mientras que el ingenioso Hidalgo Don Trincardo Corazón de Neón, pone a secar su calzado en su cuarto.

Cuando vuelve Sir Azul, se hacen los festejos del aniversario de Lady Navy y se la arma caballero lagarto, con lo que la lista asciende a diecisiete elegidos, aunque el precio que hubo de pagar por su inexperiencia la bella nueva elegida, fue el quedar descalza por unas horas, pues sus zapatos habían quedado deshechos. Cuando los festejos llegan a su fin, los caballeros vanse a dormir para preparase a lo que les espera el día siguiente. Así llegan hasta sus aposentos Sir Ajab, Sir Oz y Sir Trincardo, quien inmediatamente detecta cierta anomalía y les dice a sus compañeros de cuarto :
- Oigan licenciados, ¿No huele medio feo?
- Pues sí, le contestan estos, huele como entre plástico quemado y como a humedad
En eso recordó Sir Trincardo que había dejado secando su calzado.
- Ay güey mi tenis...
Se los había dejado sobre el foco del cuarto y uno de estos ya se le estaba quemando, cuando fue a sus rescate, éste mostraba la huella inequívoca de la ineptitud del joven, y ya tenía un agujero perfectamente redondo a la altura del talón. Mientras que su hermano asistía a Palacio a cumplir con su tan esperada cita y con las esperanzas bien firmes de conseguir los favores de la hermosa hija del conde Ika.

Jornada Segunda

Capítulo I

De cómo Sir Trincardo no deja de asombrarlos con su ingenio alburero, conocen a la Pilar Ika que se descolgó desde su Palacio, les mostró la biblioteca Palafosiana y el por qué ese lugar era llamado los Emirtacos Árabes Unidos.

Como todos los días, amaneció de nueva cuenta en el imperio del su majestad Tubérculo III, pero no salió el sol ese día, por lo que la caminata matutina de Sir Ajab fue muy corta, pero cuando el Archimago de la Esquina fué a levantar al Sir Trincardo a la voz de :
- ¡;Levantaos, mi huevón y fino amigo!
Sir Trincardo respondió entre sueños
- No es que sea huevón mi dilecto caballero, lo que acontece es que vos tenéis las manos muy chiquitas.
- Vos sois quien comete el error, pues en verdad se sabe que vos tenéis las nalgas muy grandes.
- No licenciado, lo que sucede es que vos tenéis el lomo muy chiquito.
Fue en este punto cuando Sir Ajab no pudo contener la risa y aceptar humildemente que el ingenio albureero de Sir Trincardo, aunque incipiente, era no solo prolífico, si no natural. Por lo que derrotado, anda por esas calles de Dios, solo con Sir Pax y Sir Oz, donde descubren que en ese País la enseñanza no es laica, pues no existe división entre la Iglesia y el Estado. Luego de un rato a su hostal se vuelven y para aquellos sentonces, ya el galante Sir Azul había ayudado a Sir Lady Navy a hacerse de un par de nuevos zapatos.

Se van a desayunar en un lugar donde se expende mole y otros platillos típicos del lugar, eligen allí a su nuevo Mirrey Lagarto, pero plugo al destino que hubiere un empate con dos votos entre Sir Azul y El Juamito, pero uno de los votos para el far niente personaje, fué de Sir Azul, quien argumentó: "Porque esta puede ser su única oportunidad de convertirse en Mirrrey Lagarto" y la sibílica predicción de Sir Azul se haría realidad, pues en efecto el amado hermano de Gogol® jamás regresaría a un viaje Hagedis, por lo que en el desempate, esto sirvió de mucho al Juamito para ganar ese día. Pero muchas sorpresas les tenía el destino, pues el sacrificio que ofrecieron a los insaciables y caprichosos dioses del futból el día anterior no fue suficiente y el esperado encuentro entre las escuadras de Algermania Occipital y Netherlandia derivó en un espantoso empate sin goles. 0-0 el peor castigo que las divinidades reservan a los mortales, pero no solo ellos y el resto del mundo estaban indignados, también lo estaba el Algermano Rudoyfeler, pues en un acto de protesta el Netherlandés Frank Spithaard le escupió en su aria faz, en represalia del castigo divino. Con esa pena a cuestas y su Principia Philosophae desgarrada, fueron al encuentro de la enigmática Pilar Ika, "La de los divinos chamorros" acudieron gallardos y valientes como ellos son. Cuando se apersonaron en el lugar acordado para ello, la vieron princesescamente ataviada, mientras que ellos, andaban con sus raídos y plebeyos ropajes, pues la joven mozuela al ver el lujoso atavío que Sir Papus le había elegido al Juamis, quiso hacer lo propio, pero inmediatamente se percató de que los caballeros lagarto son una raza superior y que la secta de los AIESECOS mucho tiene que aprender de ellos.

Pero como la humildad es parte de los caballeros lagarto, quienes llevan la palabra de Dios por todos los confines de la tierra que él compró, le pidieron gentilmente a la Pilar Ika que les guiase a los destinos que Sir Ajab como señor de las rutas les había preparado, así fueron a la biblioteca Palafosiana, la cual según narra el Siñorosaurio del lugar, fue fundada por el Mirrey de la Nueva en la Madre Patria, Juan de Palafós y Mendoza, cuenta con 40 mil volumenes, entre los que destacan temas como Teología, Filosofía, Sagradas Escrituras, Doctrinas, etc. y en lenguas como el latín, griego, sánscrito, hebreo, caldeo, etc., aunque desgraciadamente no cuenta con volumenes de Gulevache o Metaforopolitano, ya que a diferencia de las demás, estas ultimas dos lenguas, nadie las entiende. De la Palafosiana se dirigen a ver la casa del que mató al animal, por lo que temieron que esa fuese la razón de que jamás hubieran vuelto a ver a Luisinsesos, pero años más tarde sabrían de voz de Kodaliktor que éste aún estaba vivo.

Pero mucho habían andado el país y no sabían como era que debían nombrar a tal Camoterra del Rey Tubérculo III, así que le pidieron a la Pilar Ika que les mostrase algo ignorado por ellos sobre la gastronomía del lugar, por ello la amable AIESECA, les llevó a un lugar que asustó en su más interior filosofía a Sir Papus, quien dijo para sus adentros ¡¡¡Uuuf, que asco!!!, pero noble como era la encomienda que abanderaban, se armó de valor y entró a tan changarresco lugar. El giro del negocio eran ( y es aún hasta nuestros días) el de expendertacos árabes, llamados así por ser servidos en pan árabe y rellenos de una carne sazonada con diferentes especias y asada como todas, al fuego. Desde el primer bocado, los caballeros lagarto quedaron embelesados con el sabor de tan exótica comidad del medio Oriente Metaforopilitano y no dudaron en llamar al país Los Emirtacos Árabes, pues además la salsa con que se adereza dicho platillo es asímismo muy buena, tanto que el mismísimo Papus comió más y dió su sanitaria aprobación a tal comestible. Realizose entonces la votación para decidir el destino de la próxima propiedad de Gogol® que sería conocida. Luego de esto, vistan la catedral de los Emirtacos, cuya leyenda es la siguiente :

"Cuando ya las torres de catedral estaban terminadas, quisieron subir las campanas a sus respectivos campanarios, pero como veían que se resistían, fueron a llamar más trabajadores, 1,000 de ellos encargados de tal labor al ver que no era posible llevar a cabo tamaña tarea dijeron :
-¡¡¡Puuta, esto está bien pinche pesado!!!
y agregaron :
- Ni madres... nosotros no las subimos, ahí que se queden y háganle como puedan.
Así que el arquitecto principal de la obra, que a la sazón era el famoso Juan De las Pelotas rezó toda la noche para que no le fueran a cortar elapellido sus patrones y lo llamaran simplemente Juan. Así que por intervención divina unos ángeles bajaron del cielo y las pusieron en su lugar (las campanas), con lo cual se salvó el señor De las Pelotas."

Con esta historia, pudieron regocijarse, tanto las personas que hacen negocio con los milagros (Papas, Arzobispos, Obispos, Cardenales, etc.), argumentando la intervención divina, pues solo Dios, que es muy bueno y se apiada siempre de los ricos, pudo haber enviado a sus huestes para ayudar a este buen hombre. Y de la misma forma se alegran de este relato, los que sostienen la teoría de que, las grandes obras arquitectónicas de la antigüedad, tanto de indígenas mesoamericanos y sudamericanos, así como de los antiguos egipcios, debieron ser obra de extraterrestres venidos de otros mundos en platillos voladores, quienes crearon tales maravillas para posar sus naves en este planeta, pues los indígenas y egipcios, eran tan estúpidos los pobres, que no pudieron ser ellos los creadores directos de tales maravillas, y no conformes con ello, a nuestra ignorante especie, se le ocurrió usar tales sitios como lugares sagrados y ahora los pobres extraterrestres, no pueden descender de sus aparatos, porque nos aplastarían.

La verdad es que, como Juan de las Pelotas era cuate de Dios, le dijo, oye dile a unos extraterrestres que nos echen una mano, ahí les pones alas y dices que son ángeles y sacas una lana para tu Iglesia, a lo que Dios dijo : ¡Órale... juega!. Por este motivo, en la reja que rodea la catedral, hay muchos ángeles. Pero cuando de ésto se enteraron los Caballeros Lagarto, ya los verdaderos regidores de los destinos de este planeta comenzaban a crear negros nubarrones sobre sus cabezas, así que se encaminaron a la CAPU y de allí partieron de regreso a Metaforópolis, para dar por concluido el vigésimo segundo viaje de HAGEDIS.

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