Sir  Oz

Las nuevas aventuras de Sir Oz

HAGEDIS
Sir  Oz

Sir Oz, por Sir Oz

A treinta y dos años de haber arribado a este planeta absurdo, el viejo Fantasma de Oz se dedica a fluir, a fundirse con el aire, a ser aire. Tal es su elemento, tal su condición. Mucho ha experimentado por esos caminos de Gogold, mucho ha volado y en muchos riscos ha visto embarrarse su cadaver, pero él es caro a Palas Atenea, cariño bien correspondido, y la sabia diosa de ojos de lechuza le ha conferido una y otra vez interceder ante la muerte para negociar un nuevo hálito de vida. Y qué les cuento, chavos. Sucede que ahora Sir Oz pasa por un momento luminoso. Pero hagamos un retroceso para comprender su vertiginosa vida a la deriva. Las más disímbolas étapas han teñido su paso por el mundo. En su infancia fue muy introvertido, soñador, solitario, introspectivo.

Sir Oz en PollinópalisUn ser extraño en un mundo que no comprendía del todo. Con la llegada a la secundaria también apareció la luz. Conoció a los seres más fantásticos, imposibles, cucharadas de surrealismo, entre ellos, lo mejor, Hagedis, unos personajes como jamás se ha visto, como posiblemente jamás se vuelva a ver, así, de un sólo golpe. Aprendió entonces que el mundo era otra cosa, no lo que sus mayores venían diciéndole durante años. Aprendió también que la realidad no existe. Fue su etapa más disparatada. Cada día era una nueva aventura interminable. Se enamoró de la vida, de las niñas y de la convivencia con los amigos. Después de la secundaria vinieron tiempos de cambio, de retos, de burlas del destino. Su incompatibilidad con este mundo al que tanto adoraba se acentuaba absurdamente. De plano no cabían los dos en este pueblo. Un mes era un tipo amable, gregario, simpático, y a la siguiente luna era el más retraído e insociable. Siempre, siempre lejos, por cerca que pareciera. En la búsqueda de sí y de las maravillas perdidas pasó por su etapa más estrafalaria y rebelde. Pero, aunque conocía a un millón de gente, estaba siempre, siempre lejos. En el camino a su destino, en 1986, se reencontró con Sir Ajab y resurgieron los ideales de Hagedis. Nuevos días y nuevos personajes aparecieron. En 1987 su vida se escribía constantemente con mayúsculas, y por fin llegó el mes de septiembre; entonces la vida pisó el acelerador, aplicó el hiperespacial y nada jamás volvió a ser lo mismo. Sus dias transcurrieron todos a una velocidad vertiginosa y repletos de aventuras. Aún no se detienen. Se rompió la barrera del sonido.

Pasó por un deslumbrante año irónico-onírico. Luego los tributos a su querida diosa Aventura. Vino después la duda y un periodo de escepticismo. Vinieron la tensión, la preocupación, la angustia, y la eterna duda: ¿a dónde con tanta vida? ¿Para qué? Vino un año de naturismo, uno de fidelidad, uno de rutina, ¿alguien vio pasar a la satisfacción? Muchos de sus cabellos emigraron en busca de una cabeza más tranquila donde vivir. La paratifoidea le quitó varios kilos. El desierto y un corazón de plástico le regalaron una hepatitis, y todavía después otro cardiotripa generoso pero cobarde lo arrojó al despeñadero. Por otra parte, había vuelto a la universidad para finalizar una carrera. Más de medio año de reflexión acerca de los tiempos violentos lo acercaron una vez más al yoga, al naturismo y al zen. Terminó de contemplar su estupidez en todo su vasto esplendor, y decidió jamás volver a enfermarse, no volver a dejarse envolver por las malévolas redes de la preocupación sin sentido, y no dejar de disfrutar de este mundo absurdo. Y aquí se encuentra ahora: convertido en un vagabundo cosmopolita, dedicado a las letras, porque eso le gusta, haciendo una carrera en Traducción y ayudando a tantas niñas cómo quieran aprender la filosofía más elevada de la vida, que es la filosofía metafórica del futbol. Ama la música, pero no ha llegado el día en que decida de verdad dedicarse a ella; por ahora no toca ni tres acordes seguidos en el instrumento más sencillo que se les ocurra. Ama el cine, el chocolate, las galletas, a las niñas (ilógicas y peligrosas como son para la paz mental), y ha dejado muy atrás el escepticismo. No cree en absoluto en los políticos ni espera nada de ellos; más bien vive en una dimensión que ellos no pueden profanar. No cree en la gente, pero confía en ella. Cree en el amor y en la libertad, aunque queden cada vez menos personas en el mundo que se acuerden de lo que es eso. No ha adelantado mucho en lo referente a comprender el mundo, pero se lleva con él cada vez mejor. Está convencido de que la realidad no existe y, aunque le encanta estar con la gente, sigue siendo ajeno; siempre lejos. Dice Sir Ajab que Sir Oz es un camaleón. Definitivamente lo es. Es, siempre, esencialmente el mismo, pero mañana con muchos trabajos lo vas a reconocer. Él sabe que se debe a que sólo él no ha cambiado, pero una existencia vertiginosa lo decora cada segundo con nuevos artilugios. Recuperó la magia verde hace tres años, después de que los demonios robaran la magia verde del Imperio en el 92. Él sabe que nuevas trampas acechan para hacerlo recaer en cualquier momento, pero no es tan tonto como aparenta. Es cada vez más aire, y seguirá rindiendo honores a la diosa Aventura, aunque le rompan la vida y el corazón en cada nuevo intento.

http://www.hagedis.net
airOz@prodigy.net.mx


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